La Iglesia de la Noche


Somos la Iglesia de la Noche.
La que se bebe el silencio,
la desconfiada,
la que asea la oscuridad.

Somos frágiles, ese es nuestro poder.
Somos el descanso, la anti actividad, el sueño.
Los que nadan a contracorriente,
los enemigos de la mentira.

Somos la Iglesia de la Noche,
los opositores, los que dudan,
recogemos las chispas que corren por los cables,
protegemos el aullido de los goznes sin aceite,
transcribimos el mantra que recita el motor.
Somos el templo y la señal,
adivinamos el movimiento de las sombras.

Somos el aquelarre en el claro del bosque,
los que tejen con agujas de la luna nueva,
los que montan el gruñido que se arrastra cuesta arriba.
Los calmados, los quietos,
los ojos abiertos.

La Iglesia de la Noche es el olvido.
Los que no ves, los desapercibidos, los extras.
El dolor de muelas es nuestro aliado.

Somos las rocas porosas que habitan tus talones.
Somos el olor a lluvia y el olor a platos sucios en el fregadero,
somos el olor a tinta y el suspiro del papel ante la caricia del bolígrafo,
somos el olor a sexo que se esconde en tus sábanas.

No somos la cruz invertida, ni la cruz rota,
somos el mensaje de la luz y la construcción de la potencia,
el frío que se cuela antes de que los pájaros canten,
el tintineo de la botella vacía lanzada desde un auto,
la serenata del grillo solitario,
la perla de agua que bebe la araña,
el frenesí de la polilla encandilada.

Somos la Iglesia de la Noche
la que apaga las velas y las preocupaciones,
la almohada que aprietas entre tus muslos,
la carcajada lejana y la soledad.

La lágrima del cansancio que se forma al mediodía.
Somos la botana que se seca en la mesa,
la llave que se esconde, la gota fría,
el cansancio insomne.
El alambre que rasgó tu falda,
las canicas que ruedan donde nadie vive, somos.

Somos el ritmo que perfora tu mente,
el sueño que resuelve el problema,
la pequeña agonía de quedarse dormido,
la luz que se cuela bajo la puerta y la libertad de salir del cuerpo.

Jamás seremos héroes, simplemente somos,
somos lo que otros no son, 
la compensación, la resistencia.

Somos el muerto que se te sube,
la promesa rota, el asunto pendiente,
quienes te muestran el hogar del billete perdido,
los que saben a dónde fue ella por la tarde,
la indigestión que salva tu día.

Somos lo amargo del pretexto y la meta postergada,
el instinto del animal cansado,
la enfermedad que te cura,
la tenue luz del camino correcto.

Somos lo oculto que no será descubierto,
somos la roca descartada,
lo que no aceptas creer,
la humedad que se cuela, 
el polvo que se acumula,
el disgusto atento, 
la otra mitad de la verdad a medias.
lo que te conviene ver.

Soy un hueco, el dolor punzante que te saca del sueño,
el espacio incómodo en que nada cabe,
la voz de tus muertos,
tu inspiración dormida,
la palabra de Dios que ayuda y hiere,
el susurro de la muerte en tu oído.

Despierta tu instinto, límpiate los ojos,
aprieta los puños, estira las piernas,
sacude el altar del pensamiento,
abre tus oídos,
escucha el consejo que no pediste,
la idea que cambia tu destino.

No somos la epifanía estéril.
Somos la sincronía y la revelación,
el calor del nido,
el verdadero.

Tú eres nosotros,
nosotros somos tú.
Somos la cara oculta de la moneda,
la raíz y la sangre,
el que sabe volar,
los que dan el primer paso sobre el camino incierto,
la semilla que come tierra,
el huevo antes de la gallina,
el motor del viento,
la idea que se hace la palabra,
la palabra que empuja la acción.

No has pedido permiso para unirte,
somos la Iglesia de la Noche.
Eres la Iglesia de la Noche
la inagotable fuente,
el fuego que corre,
el amor que se extiende
y el conocimiento compartido.

Somos el pararrayos,
los completos,
los viejos,
los eternos,
los amantes de las olas,
los nuevos,
los guardianes de la premonición,
los peligrosos,
los alumnos de la necesidad,
los pupilos del rechazo,
la potencia total,
el secreto y la paradoja.

Somos nadie, somos la nada,
sacrificamos nuestra identidad por la reliquia nocturna,
somos lo intangible, la sombra verdadera,
el rostro oculto de la Selene.
Nadie espera nada de nosotros,
no debemos nada a nadie,
hacemos esto sin patrón ni paga.

Tú eres la Iglesia de la Noche.
Yo soy. Tú eres.
Nosotros somos el Grimorio que se abre.

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