La felicidad es una ilusión
Imagínese a un hombre que consume sus días apostando, no sólo por el dinero involucrado sino por la emoción del juego. La emoción de cada apuesta y la incertidumbre de ganar lo hacen volver y le dan sentido a su vida. Siempre persigue esa gran victoria, que podría traerle la felicidad. Pero un día, un extraño aparece en su puerta con una oferta intrigante. "Te daré más dinero del que puedas esperar ganar, con la condición de que no vuelvas a jugar nunca más".
Al principio el hombre se sintió tentado. ¿Quién no querría una fortuna infinita? Luego pensó: ¿qué tendría sin el juego? La emoción de la incertidumbre, la anticipación palpitante de una victoria y la emoción del riesgo lo hacían sentir vivo. Perdería eso si aceptaba la oferta.
Finalmente aceptó el trato y aceptó el dinero. No sintió alegría, sino que lo invadieron el aburrimiento y la inquietud. La euforia de la apuesta había sido sustituida por un vacío que no esperaba. Se dio cuenta de que todo ese dinero no le traía alegría.
De hecho, la diversión no estaba en el premio sino en el juego mismo: la incertidumbre que hacía que cada día fuera estimulante. La persecución era su fuente de alegría y, sin ella, no tenía más que pérdida. Sin la emoción del juego, sin la emoción de ganar o perder, el hombre debía aceptar su vacío interior. Sin la apuesta, el dinero que pensaba sería la recompensa final era irrelevante.
Blaise Pascal

Comments
Post a Comment