Somos la Iglesia de la Noche. La que se bebe el silencio, la desconfiada, la que asea la oscuridad. Somos frágiles, ese es nuestro poder. Somos el descanso, la anti actividad, el sueño. Los que nadan a contracorriente, los enemigos de la mentira. Somos la Iglesia de la Noche, los opositores, los que dudan, recogemos las chispas que corren por los cables, protegemos el aullido de los goznes sin aceite, transcribimos el mantra que recita el motor. Somos el templo y la señal, adivinamos el movimiento de las sombras. Somos el aquelarre en el claro del bosque, los que tejen con agujas de la luna nueva, los que montan el gruñido que se arrastra cuesta arriba. Los calmados, los quietos, los ojos abiertos. La Iglesia de la Noche es el olvido. Los que no ves, los desapercibidos, los extras. El dolor de muelas es nuestro aliado. Somos las rocas porosas que habitan tus talones. Somos el olor a lluvia y el olor a platos sucios en el fregadero, somos el olor a tinta y el suspiro del papel ante la c...